Nosotros siempre culpables
Escrito por David Bene   
Miércoles, 03 de Febrero de 2010 23:07

Es cuestionable tanto calificarlo “excesivo” (bien explicado por Vicenç Navarro[1]) como “déficit”, pues la Seguridad Social no es un batustán, no es un Estado aparte del Estado. Cierto es que las cotizaciones constituyen unos impuestos singulares, vinculados en principio a una serie de prestaciones, constituyendo las pensiones el 90% de éstas, pero también lo es que desde que PP y PSOE acordaron entre 2001 y 2002 su principio de caja única, suponen un ingreso más para el Estado. Desde entonces, son varios los años que el “superávit” de la SS ha salvado el saldo de los Presupuestos Generales de ser negativos. Imaginemos que los se crean unos impuestos especiales para financiar los gastos de la Corona y éstos suben y suben –como de hecho, ocurre- hasta superar su cuantía. ¿Dirían estos asesores financieros que tanto defienden el sistema de pensiones privadas, que la Corona va colapsar y sugerirían, por tanto, que debe financiarse en función de la evolución de la Bolsa? Eso es lo que nos están pidiendo constantemente, que aceptemos un sistema que nos reduce la pensión si el IBEX-35 o el Dow Jones bajan, o ahora, que nos jubilemos más tarde.

Como no tenemos suficientes hijos, dicen, costará pagar esas pensiones futuras. Y todos sabemos bien lo absurdo de la relación que dejan caer, pues con este nivel de paro, ¿acaso servirá el repunte de la natalidad a partir de 1993? ¿Se les permitirá cotizar a todos los nacidos desde entonces, para contribuir a los fondos de reserva que se están atesorando? Por lo visto, les parece lógico que seamos los trabajadores los que tengamos que jubilarnos más tarde –no se habla nada de las jubilaciones millonarias de altos directivos-, pero no que sean los impuestos generales del Estado los que financien éstas prestaciones, al igual que también sirven para pagar la sanidad, la educación, las fuerzas de seguridad del Estado… servicios que, por cierto, benefician también a empresarios. Ante el rechazo generalizado con el que responden la mayoría de trabajadores ante esta obscena proposición, ya están reculando, pero sabemos que si llegan a un acuerdo con el PP, acabarán forzando esta medida u otra similar.

El caso es que siempre tenemos la culpa. La semana anterior, el ministro de Trabajo señalaba los sueldos de los controladores aéreos, alarmando a la población, por abusivamente altos. ¿Acaso está obligado el empleador (ya sea el Estado o quien sea) a exigir horas extra sistemáticamente a sus plantillas? Pueden parecer desproporcionados los 1500€ que cuestan algunas horas extra señaladas (en determinadas franjas de festivos), pero lo absurdo es que se les siguen exigiendo más y más horas extra a estos –y otros- empleados en vez de contratarse más que se repartan mejor los turnos y puestos de relevo. Precisamente, una de las reivindicaciones más solidarias que plantean los sindicatos –aunque últimamente vigilen poco su cumplimiento-, es la subida salarial de las horas extra. Además de compensar el sobreesfuerzo, que es creciente cuanto más se prolongue la jornada laboral, penaliza al empresario o empresaria que se intenta ahorrar nuevas contrataciones y fomenta así el aumento de empleo.

Nos repiten machaconamente que el principal problema de nuestra economía es la falta de productividad y los “abultados” costes salariales. ¿Hasta qué nivel tiene que crecer la productividad para que nos veamos recompensados? Es el cuento de nunca acabar, porque el caso es que sigue creciendo y nos encontramos ahora con un paro que supera el 18%. Con la eficiencia actual, la población activa a día de hoy podría producir los mismos recursos que hace un año el total de afiliados a la SS, trabajando menos de 6 horas al día 5 días a la semana y hace pocos años, el Partido Popular Europeo nos quería subir la jornada laboral máxima legal a 70 horas semanales. En la práctica, la jornada que nos exigen para no perder el curro no ha hecho más que subir desde los ochenta y especialmente en España, donde trabajamos por término medio más de 45 horas semanales, por encima de la mayoría de la UE. Para colmo, también estamos entre los que hacemos más horas extra de gratis, por miedo al despido. Y como aun así les parecemos demasiado caros al Partido Popular Europeo, desarrollaron la directiva Bolkenstein[2], que nos han impuesto ligeramente edulcorada –tras importantísimas movilizaciones obreras en Francia, Países Bajos y Alemania- y por la que se nos limitan cuantiosos derechos sociolaborales, abaratándose aún más la mano de obra.

Es hora de que les cantemos las cuarenta –aunque debemos ir a por  las treinta y cinco- a este gobierno y estos partidos que insisten en culparnos de una crisis que, una vez más, no es responsabilidad más que de empresas y agentes financieros –si acaso, alentado aún más por la alerta generada por el PP antes de la recesión-. No nos tragamos sus recetas neoliberales, demostradas inútiles además de injustas. No tenemos que ser más papistas que el Papa cuando ni Obama se cree que un banco en manos privadas puede pasar por solución, habiendo sido tan claramente parte del problema. No dejemos que nos pisoteen derechos que los obreros y sindicatos vecinos están defendiendo frente a gobiernos supuestamente más derechistas.


[1] Vicenç Navarro en su artículo ¿La Seguridad Social en España es inviable?; http://www.rebelion.org/noticia.php?id=51665

[2] La directiva Bolkestein; http://www.attacmadrid.org/d/5/041016190635.php